Archive for the ‘Reflexiones de ducha’ Category

Perderse

Friday, March 27th, 2009

Enamorarse de ella (oh, ella) era como una fase por la cual se debía atravesar (como una peligrosa montaña: como mil montes) para llegar a ser hombre. Un camino que recorrer para encontrarse completo. Desgracia saborear esa delicia demasiado tarde, cuando no era ya tan joven para soportar semejantes dolores. Transcurrí doblemente que cualquier otro mortal en caminar ese desierto tan oásico, y al finalizar la travesía descubrí que ya no era yo mismo. En algún pasadizo, quizá en varios sitios, había olvidado fragmentos propios, como quien por descuido libera cientos de globos revolotearse por el cielo, mas no me preocupé, porque sabía que era parte del destino…

Tenía que decirlo.

Fases amorosas

Monday, March 2nd, 2009

Love

Apareces en mi vida (no lo pedí.)
Hablas, te contesto. ¡Distraes!
Sonríes, tienes mi atención.
Quieres conocerme, te conozco.
Existes para mí.
¿Qué pasa? ¿Qué siento?
Me encuentras sin buscarme, ¿qué intentas?
No te será fácil, pues no te oigo.
Tú ganas, tal vez me gustas.
Lo sabes, intuyes, pero debo decírtelo.
Temo, postergo, no te lo confieso.
Es tarde, no importa más.
¡Mejores cosas tengo qué hacer!
O no. Tal vez no soy tan frío.
¿Y ese, quién es?
Te toma de la mano. Y duele.
Fuerte soy, no sufro. Quizá.
¿Todo eso perdí? Lloro.
El tiempo ayuda. Estoy mejor.
Lo has dejado. Se siente… raro.
Podría ser mi momento. No, es acto mezquino.
Otros llegan, te quieren. Gracias por ignorarlos.
Ha llegado otra. Es linda, es diferente.
Pienso que no eras para mí.
¿Pero por qué entonces no sales de mí?
Si pudiera, no dudaría en odiarte.
Otros vienen, indecisa estás.
Me queda claro que te he de decir adiós.
Aunque es lujo. Mejor decir hasta luego.
Pues es todo. Gracias. Hasta luego.

El compromiso del empresario

Friday, November 28th, 2008

Empresario

Existen visiones parcialmente opuestas sobre la mítica figura del empresario. Una de ellas los mira como seres fríos, calculadores, cuyo único propósito es enriquecerse a expensas del consumismo de las masas, y del mismo sistema capitalista que tanto los protege. La segunda, contraria, los mira como los verdaderos héroes del triunfo del desarrollo industrial: Son los motores que mueven al mundo, los seres inteligentes e incomprendidos, que con su talento crean y dirigen el planeta.

Yo pienso que la labor del empresario, además de crear empresas; que a su vez produce trabajo para las personas, activa a la economía y cambia a la sociedad misma, conlleva un compromiso mucho más profundo. No se trata de innovar por innovar, sino de garantizar que los bienes y servicios producidos sean de la mayor calidad, y que realmente estén hechos con el afán de satisfacer las necesidades colectivas reales.

No obstante, pareciera que el empresario suele producir sin tomar en cuenta la repercusión que tendrá en la sociedad su bien o servicio. No sólo eso, sino que se atreve a crear falsas necesidades, mediante la persuasión de la publicidad, del engaño de los medios de comunicación, y de la ignorancia de la sociedad que consume porque, alentada por los rostros felices de las pantallas, cree que sólo comprando a diestra y siniestra saciará esa sed inagotable de felicidad que no puede hallar en la monotonía de una vida gris.

¿Por qué crear una industria que vende el cáncer en forma de tubitos de alquitrán y nicotina? Y no obstante, miles de incautos van todos los días, como zombis, a pagar por su propia muerte. ¿Por qué no promover, mejor sea, una industria entorno a lo espiritual, al amor por el conocimiento o al desarrollo de las personas?

Quizá el cambio está cerca, tal vez las industrias superfluas y abusivas están ya contando sus días, y pronto la gente y algunos empresarios despertaran, las conciencias se unirán por el bien, y el mundo no será lo que es hoy.

Los pocos

Saturday, October 4th, 2008

Cuando explico a mis conocidos cómo es que gano algunos centavos con los anuncios de Google, no falta quien se pregunte –y es algo que me causa gracia-: ¿Quién hace clic en la publicidad?

Naturalmente les respondo con sentido común que es gente que no sabe mucho de Internet y que apenas distinguen la diferencia entre el texto y los enlaces (por ende, no distinguen a ciencia cierta qué enlaces son enlaces y qué enlaces son publicidad).

Pero entonces, ¿quién compra por Internet aquello que sale en esos anuncios –y que hace rentable a los anunciantes pagar por el servicio-? O una pregunta mejor: ¿Quién compra las populares capsulas antidepresivas? Y aún mejor, ¿quién usa esos milagrosos descuentos para el viagra y los agrandamientos de pene? Porque, visto que el spam no deja de crecer, es que ha de haber plata en aquel negocio.

Son los pocos. Quienes hacen el negocio lo saben. Siempre hay alguien buscando el hilo negro, y por supuesto, no ha de faltar aquel que esté dispuesto a comerciar hilo ligeramente café como si fuese oscuro.

Los pocos

Los pocos

Están ahí, siempre lo han estado, y siempre lo estarán, pero nadie los puede apuntar con el dedo con precisión. Y es extraño, pues pareciera que cada vez los pocos son más.

Enrique, nunca olvides lo siguiente.

Sunday, September 14th, 2008

1. Existe una fuerza invisible, infinita e indivisible; causa de las causas, la satisfacción que el conocimiento no llena, el orden de la entropía y la homeostasis universal, el origen de nuestro espíritu y sus manifestaciones, es decir, los sentimientos: Dios. No aquel vengador, justiciero ciego, creador apático y de oídos sordos. Es el que actúa sigiloso, conecta nuestras existencias y las embellece, aquel que ha de ser escuchado, o perderás tu humanidad y tu camino.

2. Cuando estás triste y al encender la radio está esa canción que te anima, tal cual fuese escrita para ti; cuando un extraño te saluda cálidamente sin conocerte y sientes una extraña conexión; cuando todo el Universo mueve sus engranes para que tú ganes; cuando inexplicablemente sientes un fuego en tu interior que no se puede apagar. Todo eso es Dios interviniendo para que lo escuches. ¿Necesitas más milagros para hacerle caso?

3. Podrás empezar a escalar antes que los demás, podrás subir los tramos a mayor velocidad que ningún mortal pueda alcanzarte, podrás saber justamente hacia donde quieres llegar con la precisión necesaria para no fallar, pero ¿de qué sirve estar en la cima del monte, si habrás de estar solo, con frío y muriendo con el corazón congelado?

4. Mira a tu sociedad a través de una pared de vidrio, de modo que no puedas ser tentado y seas un juez imparcial. Observa cómo se rige por una serie de principios que no tienen principio. Sus factores son el hedonismo, la hipocresía, la indiferencia ante la muerte, agresión, la no capacidad de perdón, el libertinaje, el aprovechamiento desmedido del prójimo, la injusticia y la descarga de la culpa en el indefenso. Es tu labor criticarla, estar por sobre encima de ella, para actuar bajo la premisa: ¿Qué haría el amor?

5. No temas mostrar tu humanidad, pues quien poco uso hace, desgasta. Un par de consejos que vendrían bien: Comunica, aunque debas empezar con cosas sencillas como un saludo; ten un tacto humano, muestra genuina preocupación, una voz suave y lenta, gestos tiernos; comparte, da un poco de ti y recibirás un poco, sino es que mucho, del otro. Te sorprenderías cuando puedes aprender del mayor de los torpes, del mayor de los tontos, y hasta del mayor de los tontos torpes.

Muéstrame esa lengua

Monday, August 11th, 2008

Los sabios del mundo suelen decir que el motor de este planeta no es otro que el amor. Los psicólogos añadirían que, entonces, el combustible sería el sexo. No sería difícil pensar que, por tanto, lo que está horriblemente mal en este mundo es el amor (descartamos al sexo por obvias razones -que está bastante bien).

Para empezar, ¿quién fue el listo que nos escribió sobre piedra que la máxima manifestación de amor debe ser el pronunciar las dos palabras más difíciles del castellano: te amo? ¿No vasta la mirada como señal inequívoca de que estamos ante nuestro ser amado? ¿Y por qué el amor pasional se escribe siempre singular?

Yo propongo un ritual menos ridículo para expresar prácticamente lo mismo. Mucho más sencillo. Que, de hoy hasta que terminen los tiempos, cuando un hombre ame a una mujer (o viceversa, o de hombre a hombre también –el lesbianismo queda fuera de la lista y es considerado una aberración, por disminuir el número de mujeres disponibles-) abra su boca y saque la lengua.

Saca la lengua

Imagínense nada más. En el cine romántico, luego de que Landon pase por toda una clase de pruebas que aseguren que su interés es puramente platónico, en plena noche llena, y cara a cara frente a Jamie, en vez de decirle un te amo vacío, enseña la lengua, mientras que Jamie –tímidamente y sonrojándose- suspira, y en señal de aprobación, también saca su lengua. Beso romántico a continuación y la pantalla en negro después. El público femenino sale de las salas llorando y el masculino quejándose por haber tirado en saco roto 5 dólares.

Habría, después de todo, consecuencias contraproducentes. Los dentistas tendrían que desaparecer, pues como nadie querría tener una lengua sucia, la salud bucal mejoraría considerablemente. Michael Jordan tendría que haberse buscado un nuevo método de concentración para lograr su magia y Gene Simmons sería considerado un dios.

Ya lo veo así, un amor más oral y menos conflictivo, menos guerras globales de hombres testarudos que siguen despechados porque en el baile de preparatoria la porrista no fue con ellos (por causa de su timidez verbal). Un mundo mejor.

Cuida tus creencias y comprende las de los otros

Monday, August 11th, 2008

Hace un buen tiempo, por unas cuestiones que no merecen la narración de los detalles con mucha precisión, perdí a dos amigos de Internet –buenos amigos, debo añadir-. En su momento no entendí cómo era posible que esas dos personas hubiesen tirado a la basura mi amistad, pero mientras hoy reflexionaba en la cama (sin poder dormir) sobre otro asunto muy distinto (y que tiene que ver con las creencias), llegué a una conclusión que me parece coherente.

Vaso

La causa por la que chocamos fuertemente con otras personas (y con nosotros mismos) es que nuestras creencias discrepan sobre algún tema en específico. Me explico: Nosotros (tú, yo, él) poseemos un conjunto de creencias o valores entorno a cómo debe ser un asunto (de hecho tenemos creencias para cada asunto) y en momentos de duelo, éstas creencias interiores apuntan a lados totalmente opuestos.

Generalmente lo que creemos unos y otros es similar, por aquello de que compartimos una cultura. Es así que cuando visitamos un país lejano todo nos parezca “extraño”, desde el vestir de la gente, el trato que nos dan, hasta cuestiones más obvias, como el idioma, los rasgos físicos, etcétera.

Lo que ocurrió con esos dos ex amigos fue que yo hice algo de poca importancia para mí mismo (en mis creencias), pero que para ellos era un acto soberbio, mezquino, infantil y hasta podría entenderlo (por lo que me dijeron) como traición.

En fin: Las creencias son lo único que nos detiene, pues son el vaso a través del cual miramos la realidad. Entonces, ¿discutirás porque el vaso está medio lleno, medio vacío –o mejor te tomarás el agua?

Recordar la mortalidad

Friday, June 20th, 2008

Naturalmente existimos de forma veloz. Caminamos por la vereda de la vida sin prestar demasiada atención al paisaje que nos rodea, creyendo inocentemente que disponemos del tiempo justo para llegar a donde hemos decidido soñar.

Ana Ceci fue una compañera que conocí precisamente este año. Era una persona agradable y sencilla, que entre todo lo que pude aprender de ella elegiré destacar su humildad: Aceptar que no tenemos todas las respuestas ni somos lo bastante sabios y mucho menos, que somos perfectos. Comernos el orgullo y confesarnos ignorantes, pero teniendo el deseo de saber más. Ana Ceci era todo eso, por lo menos.

Cuando alguien se va, se suele decir que el mundo sigue girando sin más. No lo creo totalmente verdadero. La ausencia de alguien detiene, por un pequeño instante, las existencias de todos los demás. No sólo nace una nueva estrella, sino mil pensamientos más. Son los destinos de aquellos que siguen aquí, que por un segundo, desaparecen, algunos cambian y otros siguen como si nada hubiera ocurrido.

¿Realmente vale la pena vivir apostando a que habrá un mañana? ¿O es que debemos “vivir cada día como si pudiese ser el último”? No lo sé, y creo que seguiré aferrándome a la estadística de que mañana seguiré aquí, intentando vivir…

Sobre las ideas

Saturday, May 24th, 2008

Ideas

Creo que las ideas tienen el derecho a ser libres. Son libres porque siempre han estado ahí, flotando en el espacio. ¿Con qué poder el hombre se atreve a encadenarlas a la existencia de un mortal que las vio primero? Toda invención es descubrimiento. Inventar es tomar y juntar las cosas del Universo para crear algo más, algo que ya existía, pero no había sido visto por ojos mortales.

El fin de todo es satisfacer la necesidad humana. Llenar el espacio de la carencia. Por eso me comprometo a estar siempre pensado en cómo mejorar y satisfacer ese espacio. Competiré contra todo aquel que pensó una vez. Porque las ideas no son estáticas, ni herméticas. El pensamiento anterior ha quedado obsoleto. Y cuando alguien con mejores ideas que las mías llegue, no lo atacaré, sino que lo respetaré, y trataré de vencerlo.

¿Ceder porque una idea rompe los esquemas éticos de alguien? Jamás, ya que la ética es el intento histórico del bien común, y si mi idea forma parte del bien común (y esto no lo juzgará tu ética ni la mía, sino el curso que el Universo decida darle a mi idea) no hay razón alguna para echarse hacia atrás.

Las ideas no son propiedad única de alguien, son patrimonio de todos. Toma mi idea y úsala para el bien. Es tuya.

El valor de las cosas

Sunday, January 13th, 2008

Dinero

Voy a exponerles un consejo que les ayudará a la hora de negociar. Quizá para algunos resulte demasiado obvio, pero hay quienes lo olvidan o lo dan por sobreentendido. ¿Cuánto valen las cosas, en la tierra de los absolutos?

Nada. Las cosas, los bienes, por sí mismos carecen de valor. Nosotros les damos el valor o precio. Generalmente establecemos dicho valor de acuerdo al mercado (o la famosa Ley de la oferta y la demanda). Hay quien dice que las cosas valen cuanto alguien esté dispuesto a pagar por ellas.

Imaginemos al hombre de las cavernas. Existía sobreviviendo de lo que se hallaba a su alrededor. Comía frutos y de vez en cuando salía a cazar. No existía, en un comienzo, el comercio como tal.

Un día, algún hombre de excesiva ambición, quiso quedarse con más frutos de los que podía comer, y los arrancó de los árboles. Los demás hombres, tiempo después, desearon comer también de los frutos. El hombre ambicioso les cambió “sus frutos” por cualquier cosa que le fuese útil (desde carne de algún animal, semillas, y un largo etcétera).

El precio o la mercancía del trueque era establecida por los interesados en realizar el intercambio. El más ambicioso o con los mejores productos era, a fin de cuentas, quién fijaba el valor de todo.

Más tarde, ante la dificultad de poseer un medio estándar para intercambiar productos, a alguien se le ocurrió crear el dinero. Monedas de piedra, cacao, oro y así sucesivamente, dependiendo la época y la cultura. Esto simplificó muchísimo las transacciones, pero atrajo otros problemas.

Bien, hoy en día, aún quedan muchas cosas cuyo valor está estimado. Por ejemplo, en Internet, resulta especialmente difícil estimar el valor verdadero de un dominio, un weblog o hasta una compañía.

Un claro caso de ello fue la compra de Youtube por parte de Google. 1.6 Billones de dólares fue el valor de la transacción. Al comienzo, nadie se la creía: ¿Cómo un sitio de videos puede valer tanto? Y ahora, mucho después, el precio parece correcto o hasta bajo, ante lo que Google podría ganar mediante publicidad en los videos.

Mi consejo es ese: Cuando vayas a negociar algo en Internet, tu como comprador, no pagues demasiado, inicia negociando con precios bajos y ve subiendo el valor conforme evolucione la plática. Y si te toca vender, parte de un precio alto, quizá exagerado, y bájalo. Las cosas valen cuanto alguien esté dispuesto a pagar por ellas.