El amor es el más divertido de los juegos, tanto que Goethe escribió por nosotros que «el amor es el único juego que pierdes, simplemente por rehusarte a jugarlo». Esto pasaba por mi cabeza mientras nos daban una introducción a lo que es la Teoría de Juegos.
John Nash, su máximo exponente e ídolo personal de todos los tiempos, propuso que podíamos aplicar modelos matemáticos para encontrar que en todo sistema de varios jugadores existían equilibrios, esto es, puntos donde los jugadores están en igualdad de condiciones. Además, añadió que era posible determinar el resultado de éstas interacciones, bajo una premisa de racionalidad: cada jugador, impulsado por su egoísmo, elige lo que más le conviene.
Intuí que tal vez podíamos aplicar este tipo de análisis matricial a la actividad lúdica que mencionaba en el primer párrafo, y obtuve el siguiente acomodo: