Enamorarse de ella (oh, ella) era como una fase por la cual se debía atravesar (como una peligrosa montaña: como mil montes) para llegar a ser hombre. Un camino que recorrer para encontrarse completo. Desgracia saborear esa delicia demasiado tarde, cuando no era ya tan joven para soportar semejantes dolores. Transcurrí doblemente que cualquier otro mortal en caminar ese desierto tan oásico, y al finalizar la travesía descubrí que ya no era yo mismo. En algún pasadizo, quizá en varios sitios, había olvidado fragmentos propios, como quien por descuido libera cientos de globos revolotearse por el cielo, mas no me preocupé, porque sabía que era parte del destino…
Tenía que decirlo.
