La siempre sabia Mariela Alatriste me ha pasado unas palabras que refieren con claridad qué es eso de los propósitos:
«El día 31, uno se siente con la obligación de trazar objetivos a corto y a mediano plazo. Nada garantiza que se vayan a cumplir y no importa; los propósitos son como las tarjetas de Visión y Misión de las gerencias empresariales, las palabras de amor o la hoja de justificación en los proyectos de tesis: un género de ficción cuya musa mayor es la Prisa.»
Sin embargo, fiel a la tradición y pese a que mi tasa de cumplimiento de propósitos promedie el 33% (bastante alta a comparación de otras personas, dicen), he aquí los míos:
- Lanzar un proyecto web autónomo medianamente decente por mes.
- Aumentar mi masa muscular. Aunque lo duden: Existe. Y crecerá.
- Organizar el grupo secreto de estudio para Cibernética, Cálculo y Física.
- Llevar a cabo el Método de Estudio Digitalizado Auditivo. Experimentarlo en mí y si funciona, difundirlo.
- Aplicar mis recientes conocimientos administrativos a la red de viajes y a la futura red de videos.
- Leer 12 buenos libros a lo largo del año. E, inevitablemente, algunos libros basura.
- Cambiar mi correo de @esdios.com a @itic.me, cuando ingrese al Tec.