
Descubrí el libro el año pasado y hasta hace unos días me lo volví a encontrar, así que aproveché a comprarlo. ¿Por qué? Sencillamente porque el título es tentador —manual, perfecto y ojete son palabras interesantes, y más si las combinas—, además de que a nadie le cae mal aprender cosas nuevas.
Pero más importante aún, porque deseaba ser ojete.
Para que todos tengamos una idea clara, definamos antes qué es ser ojete. Un ojete —no abundaré en su raíz y de donde viene el término— es cualquier individuo que contesta no cuando se le espera que diga sí. Ilustremos el asunto:
Sujeto 1 (a medio examen): Oye Juan, pásame la primera parte del examen, que no estudie y si no paso el examen reprobaré.
Sujeto 2 (sin remordimientos): No. Debiste haber estudiado.
Sujeto 1: No seas ojete.
Bajo la promesa de ser un manual, el libro de Rafael Martínez promete guiarnos a la psicología del ojete, su modo de vida y cómo ser uno de ellos. La cuestión es que el libro, de apenas 120 páginas —con excesivas ilustraciones— se queda corto. No abarca con profundidad al ojete como ser.
En resumen, el autor nos dice que un ojete es un ser egoísta. Está en todos nosotros, pues va en contra de la Biología que antepongamos la supervivencia de los demás a la nuestra —el llamado altruismo—. Pero en esto de ser ojete, suceden tres dilemas:
- El ojete siempre es el otro. En efecto, nadie —en estado de absoluta lucidez— se auto declarará como tal, siempre el ojete es el de al lado. El que no quiso pasarte la tarea, el que no te disparó la pizza y así sucesivamente. Pero yo, ¿ojete? ¡Para nada!
- La mujer no es ojete. No por algo alguien se tomó la molesta de escribir Cómo ser una perfecta cabrona (y libros similares). Las mujeres no son ojetes, son cabronas.
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La cuestión no es siempre decir que no. Se trata de esperar siempre algún beneficio ayudando a los demás. Un ojete que ayuda a otro ojete será ayudado en el futuro. Son los grandes ojetes unidos quiénes se dan cuenta de que trabajando como equipo y de forma inteligente, se llega más lejos.
Valoración
El libro no me dijo nada excepcional. Creo que tiré los 100 pesos que pagué por él. Si desean leerlo, mejor pídanlo prestado a un amigo. Aunque probablemente les dirá que no. Cuando terminen de leerlo llegarán a la misma conclusión que yo:
Soy ojete porque me preocupo primero por mí, y pienso antes de decir que sí para sólo decir que no.